Reinaldo Chaviel, el escritor encantado
en los espejos de los libros.
Por: María Auxiliadora Chirinos.
Cerrado tu libro de sueño terrenal te sigo leyendo en la
lejanía
M. A. Ch.
G.
Nació Reinaldo
Chaviel en Aguada Grande, paisaje apartado de la urbe, tierra árida y silencio,
traía la sabiduría del desierto, la vitalidad de los hombres en el círculo del
sol. Esa luz mágica, es su carta de presentación ante el mundo. La experiencia
profunda de la tierra en su conversa, la cabra de Umberto Saba y Rafael José
Álvarez, identificaban nuestro mismo interés de rebaño, marcando horas de risa
y complicidad, servido en la misma mesa. Lazos de compañía definido en los
textos propios u otro escritor. El buen amigo dejó su fragancia, restos de ave,
crecientes de lluvia en el filo del cuchillo de su brillante verbo. Solía con
tesón anunciar la belleza, la importancia de un escrito, con su voz de duende
cuidaba y descubría el secreto en la página de los libros. Iba a la caza de la
imagen inmerso en su seducción. Entusiasmado en la lectura de novela, poesía y
cuento. Las artes (Cine y música) ocupaban su fascinación.
─María, “Florentino Ariza compró el espejo donde se miró
Fermina Daza”, amiga, es superior, he aquí la presencia de un escritor. Lanzó dardos
certeros, enfrentando el contenido de la página en el texto, develando en la
imagen el misterio de la escritura. Para lograr la grandeza de los textos
estudiaba los entretelones de los escritores y los comentarios de su personalidad.
Entre ellos Jorge Luis Borges, Bioy Casares, Augusto Monterroso. Cuando veía
una película anotaba la localización para ir a visitar el sitio donde se
filmaba. Todas estas características de lector le hicieron un excelente crítico
literario, estudioso de los escritores Juan Páez Ávila, Jaime Sabines, Julio
Garmendia, etcétera. Esta vestidura del poeta de "Antiguas Resinas", "Escritos en el
Cuerpo" y "Fragmentos Dispersos", reúnen el árbol de su sabiduría, dones para
entender el uso del lenguaje escrito, ese juego de niño en el asombro de la
palabra ante el texto.
Hoy 4 de agosto,
hermano, cuando llegas a la estación Comala, después de leerte los dioses
sagrados tus sueños terrenales, pensaba y tocaron a mi puerta unos amigos
bahá’ís y les conté de tu viaje. Decidimos en tu memoria realizar unas
oraciones para acompañarte en tu viaje. Interpreté la manifestación de tu alma
universal y la dimensión de tu sabiduría. ¡Oh célebre hermano bardo! “Mirad el
semblante divino, mirad la gracia que sobre el mundo de nuestra propia persona
se está vertiendo en el mar”. Huellas fraternas son tu camino y el mío. Bendita
agua hay en los cirros. Y te contemplo ir a buscar otro sueño.
Agosto, 2024.
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