Reinaldo Chaviel, escritura del semiárido larense.
Por: Nelson Freitez.
Nos fuimos
descubriendo desde su pasión sanguínea por el conocimiento. Nada de lo humano
le era ajeno, como dice la frase común, que en su caso venía tatuada por esa
altiva sencillez del hombre sabio de campo…de aquél que gasta su tiempo
pensando, observando, escuchando, leyendo, acompañado siempre por ese ritmo de
su respiración curiosa y silenciosa. Siempre me lo imaginé en sus momentos de
producción de los macerados textos que
nos ofrendó, buscando las imágenes, las escenas, esas palabras-síntesis plenas
de significados, continentes de sentido.
Por esa plenitud de
sentido que impregnaron sus palabras, dichas y escritas, sus textos y sus
conversas, por ese sentido tan total de compartir la amistad, por esa fiesta
sosegada que se sentía al compartir con él la densa y rica austeridad de su
presencia, siempre lo asocié a la tierra cuarteada de su origen en el semiárido
larense. Siempre lo veía caminando por
esos desiertos, buscando como su paisano Alirio Díaz, los profundos
silencios de los amaneceres o las largas despedidas de cada tarde de tonos
anaranjados, rojizos. Más de una vez le dije, con respetuosa picardía, que
había recibido el testigo de la sabiduría de las gentes del semiárido, que en
los mayores de esas tierras se acumulaba una ancestralidad profunda, plena de
conocimientos, saberes y sentires de enorme vuelo y sensibilidad.
Chaviel heredó esa
sabiduría…sin ella, como si fuese una mujer [´Me trastoca el alma cuando acerco
a mis labios esa música de tu silueta´], pienso hoy que no podía haber recorrido esos tramos espinosos, esos muy
comprometidos inings de cierre de su existencia material…con esa terca y sutil dignidad,
con ese empeño por seguir escribiendo, editando, por ofrendarnos sus alientos
finales, sus escrituras labradas en piel, sus memorias preñadas de esos vientos
madrugadores del desierto que siempre lo acompañaron.
Su caminata por la
Feria del Libro de Madrid de este año, su virtual despedida…nos habla de los
impulsos vitales, de su terca alianza con la escritura y la vida que lo
acompañaron, del recorrido valiente con su vida vivida…que venía haciendo.
Celebremos esa
plenitud, esa honda dignidad, ese compromiso con la palabra, con la amistad…esa
vida lograda. Ese hombre enorme que se gastó la piel en hacernos sentir más
auténticos y generosos, con palabras, compañías, libros y con un buen cocuy de
su tierra. Abrevó de una sabiduría que nos ofrendó, que la derramó en cada paso
por la vida compartida. Con Cadenas, nos ayudó a comprender que ´Sobrevivimos
en el Abismo´ y que sólo lo haremos con nuestros afectos auténticamente
enlazados.
Me provoca, poeta,
darle un beso de hermano a la brillantez de fu frente.
¡Gracias por tanto
amor, querido Reinaldo!
Agosto, 2024.
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