domingo, 25 de agosto de 2024


Reinaldo Chaviel, escritura del semiárido larense.

Por: Nelson Freitez.

 

 

Nos fuimos descubriendo desde su pasión sanguínea por el conocimiento. Nada de lo humano le era ajeno, como dice la frase común, que en su caso venía tatuada por esa altiva sencillez del hombre sabio de campo…de aquél que gasta su tiempo pensando, observando, escuchando, leyendo, acompañado siempre por ese ritmo de su respiración curiosa y silenciosa. Siempre me lo imaginé en sus momentos de producción de los macerados textos  que nos ofrendó, buscando las imágenes, las escenas, esas palabras-síntesis plenas de significados, continentes de sentido.

Por esa plenitud de sentido que impregnaron sus palabras, dichas y escritas, sus textos y sus conversas, por ese sentido tan total de compartir la amistad, por esa fiesta sosegada que se sentía al compartir con él la densa y rica austeridad de su presencia, siempre lo asocié a la tierra cuarteada de su origen en el semiárido larense. Siempre lo veía caminando por  esos desiertos, buscando como su paisano Alirio Díaz, los profundos silencios de los amaneceres o las largas despedidas de cada tarde de tonos anaranjados, rojizos. Más de una vez le dije, con respetuosa picardía, que había recibido el testigo de la sabiduría de las gentes del semiárido, que en los mayores de esas tierras se acumulaba una ancestralidad profunda, plena de conocimientos, saberes y sentires de enorme vuelo y sensibilidad.

Chaviel heredó esa sabiduría…sin ella, como si fuese una mujer [´Me trastoca el alma cuando acerco a mis labios esa música de tu silueta´], pienso hoy que no podía haber  recorrido esos tramos espinosos, esos muy comprometidos inings de cierre de su existencia material…con esa terca y sutil dignidad, con ese empeño por seguir escribiendo, editando, por ofrendarnos sus alientos finales, sus escrituras labradas en piel, sus memorias preñadas de esos vientos madrugadores del desierto que siempre lo acompañaron.

Su caminata por la Feria del Libro de Madrid de este año, su virtual despedida…nos habla de los impulsos vitales, de su terca alianza con la escritura y la vida que lo acompañaron, del recorrido valiente con su vida vivida…que venía haciendo.

Celebremos esa plenitud, esa honda dignidad, ese compromiso con la palabra, con la amistad…esa vida lograda. Ese hombre enorme que se gastó la piel en hacernos sentir más auténticos y generosos, con palabras, compañías, libros y con un buen cocuy de su tierra. Abrevó de una sabiduría que nos ofrendó, que la derramó en cada paso por la vida compartida. Con Cadenas, nos ayudó a comprender que ´Sobrevivimos en el Abismo´ y que sólo lo haremos con nuestros afectos auténticamente enlazados.

Me provoca, poeta, darle un beso de hermano a la brillantez de fu frente.

¡Gracias por tanto amor, querido Reinaldo!

 

Agosto, 2024.




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